sábado, 20 de marzo de 2010

Toda mi vida estuve buscando el amor. Yo pensaba que el amor, era encontrar a un hombre que me quisiera incondicionalmente, que no pensara en otra cosa q no fuera en sus momentos con migo, y que fuera capas de dar hasta su vida por mí. Pero hoy, que estoy posiblemente en los últimos días de mi vida pude comprender, que el amor no es eso solamente.
Me casé con un hombre maravilloso, y sé que me amó y yo lo amé, pero hoy siento que eso solamente, no cumple con las expectativas que yo tenía sobre el amor en mi vida. Hoy, comprendí que antes de mi marido y mis hijos, yo ya había encontrado el amor, y no hablo de algún noviecito que tuve antes de casarme, hablo de mis amigas.
El primer y segundo año de la primaria, lo compartí con un grupo de chicos del cual la mayoría habían estado con migo en el jardín. Al año siguiente tuve que cambiarme de colegio por motivos personales, y a todos mis amigos de esos dos años los dejé de ver, y los olvidé. En ese año ingresé a un grupo que ya estaba formado, por decirlo de alguna manera, ya que, la mayoría habían compartido sus años en el jardín. Pero aún así me integré bastante bien, y me hice de muchos amigos. Estuve en ese colegió hasta sexto año, cuando finalicé la primaria, y me tuve que cambiar a una secundaria y entonces perdí a la mayoría de mis amigos, digo la mayoría y no todos, porque gracias a Dios en esta ocasión me llevé con migo a tres de las mejores personas que conocí en toda mi vida. Estuve con ellas hasta finalizar la secundaria, y para colmo, en el tercer año, se cambió a la misma secundaria en la que estaba yo, una de mis mejores amigas de la primaria.
Ya finalizada la secundaria, cada una tomamos cursos diferentes. Una de mis amigas Karina, inauguró un negocio de ropas confeccionadas por ella misma, que, años más tarde tendría gran reputación. Andrea, otra de mis amigas, hizo un profesorado de Gimnasia, y se consagró profesora en la misma escuela en la que había estudiado años atrás. María, estudió en una academia de modelos, y se convirtió en alguien muy importante en su medio. Lamentablemente, a Paola la dejé de ver, se fue a vivir a Roma, pero estoy feliz al saber que pudo cumplir su sueño de ser una imponente artista plástica, y lo sé porque aproximadamente dos años después de decirle adiós la vi en una revista muy importante que nos mostraba las maravillosas obras que había creado. Y finalmente yo, fui a la facultad a estudiar para ser profesora de Biología, Física y Química.
Volví a compartir una gran parte de mi vida con Andrea cundo comencé a trabajar en el mismo colegió que trabajaba ella, es decir, en nuestra escuela secundaria, con María cuando nos fuimos a vivir juntas, y con Karina, cuando se consagró madrina de mi primer hija.
Hace apenas unos meses que dejé de ver a mis amigas, porque tuve un accidente que me trajo hasta aquí, hasta este hospital. Estuve en coma durante dos meses y recién hace una semana que desperté, y mis médicos me dijeron que mi condición era bastante seria. Y fue en ese momento cuando comencé a hacerme esta reflexión. Comencé a recordar, cada sonrisa, cada abraso, cada fiesta que compartimos juntas, cada llanto, cada riza, cada conversación incoherente, cada planificación no cumplida, cada baile, cada silencio, cada mirada, y en ese momento me di cuenta que en cada una de esas cosas estaba el amor, el amor de ellas para con migo y viceversa.
Desearía volver el tiempo atrás y poder disfrutar más esos momentos que compartí con las personas que me amaron y que yo amé también, aunque no me di cuenta en ese momento, pero lamentablemente eso no puede ocurrir. De todas maneras, no me arrepiento de la vida que tuve, porque aunque recién tengo 44 años y desearía poder vivir un tiempo más, sé que el tiempo vivido lo disfruté al máximo y con las personas indicadas, y pensándolo mejor, si tuviera un deseo, no sería poder vivir diez o veinte años más, mi deseo sería poder tener a mi amigas aquí con migo para no morir sin antes decirle, que las amo y que fueron el motivo de felicidad en mi vida.
Estaba a punto de finalizar de escribir esta carta cuando de repente recibí una grata visita. Eran mis amigas: Kari, Andru y Mari. Parece que mi marido me concedió el deseo, les avisó a las chicas que había salido del coma, y ellas se organizaron para venir juntas a verme, y por fin, pude decirles lo que sentía por ellas y ellas a mí. La alegría fue inmensa.
Al otro día, mi medico vino a verme para informarme de mi estado de salud reciente. Al perecer, la visita de mis amigas agregó un toque de adrenalina a mi cuerpo y a mi corazón, lo que intuyó en una importante mejora en mi enfermedad, además, ayudaron un poco los medicamentos, pero la mayor parte del crédito se la lleva la sorpresa organizada por mi amado y mis amigas. Un mes después, milagrosamente me dieron el alta y pude volver a mi vida habitual, con mis hijos, mi esposo, mi familia, y mis amigas, resumiendo, volví con la gente que amo. No sé cuanto tiempo más viviré, pero sé, que aunque muera mañana, dentro de un año o diez, puedo jactarme de haber vivido rodeada de felicidad, prosperidad y sobre todo amor.

En homenaje a mis amigas, que a pesar de no haber vivido tantas cosas a mi lado, son motivo de alegría y felicidad en mi día a día. Las amo chicas.

1 comentarios:

Trava dijo...

Y Paola¿¿

 
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