domingo, 21 de marzo de 2010

Nuestra muerte


                                                                                                                                                                                                           Marzo de 1998
Querido Gabriel:
                         Tantas cosas me han pasado en el último mes, y siento que eres la única persona a la que puedo confesarle todo.
El 14 de febrero mi esposa organizó una reunión familiar en mi casa para celebrar San Valentín, y nuestro aniversario número 20. En casa estábamos todos, mis papás, mi hermano, mis hermosos sobrinos y la hermana de mi mujer, sólo faltaba mi hermosa hermana menor Lorena, que por algún motivo no había llegado. Ya estábamos por servir el postre cuando sonó el teléfono. Yo esperaba que fuera Lore, que llamaba para explicarme las razones por las que no había venido. Pero no. Atendí y era de la comisaría del barrio que trágicamente me informaba que mi hermana había sido hallada muerta a tres cuadras de mi casa, con signos de un aparente ataque sexual y una bolsa de nailon en su cabeza. No podía creerlo. Deseaba que mi hermanita estuviera al lado mío riéndose de esa broma tan pesada. Pero no, lamentablemente esta, y no otra, era la realidad.
Mi celebración se convirtió en un caos cuando tuve que informarle al reto de mi familia de lo ocurrido. Los llantos de todos se podían escuchar hasta a diez cuadras de distancia, al igual que los gritos de desesperación de mi mamá.
En una especie de caravana nos dirigimos a la comisaría, con la esperanza de que hubiera sido una lamentable confusión.
Fué el momento más doloroso de mi vida cuando tuve que reconocer el cuerpo de mi hermana. Estaba tan lastimada, con muchos cortes alrededor del cuello y fuertes moretones por todo el cuerpo. Simplemente era terrible, el sólo imaginar lo que vivió mi hermana en sus últimos momentos, me hacía hervir la sangre de la rabia.
Como le tuvieron que hacer muchos exámenes al cadáver, el velatorio recién fue a los tres días de ocurrido el ataque. Es imposible describir la tristeza en nuestros corazones. En esos momentos si tenía en frente al culpable de la muerte de Lorena le hubiera desgarrado la piel con mis propias manos.
El 19 de Febrero la comisaría nos informó que había un posible implicado en el caso. En realidad un pobre perejil al que habían encontrado corriendo aquel día y a quién le habían echado la culpa. Lamentablemente en ese momento no sabía, pesaba que él había sido y deseaba matarlo más que a nada en este mundo. A las dos horas de tenerlo detenido lo liberaron por falta de pruebas y yo, que tenía un informante en la comisaría, lo seguí hasta la casa y pude saber su dirección. Al día siguiente lo fui a esperar a la puerta de la casa y en cuanto salió le di un tiro en el medio de la frente. Murió al instante. Como el arma que utilicé no estaba registrada, no me pudieron descubrir.
Viví en paz durante los próximos siete días, bueno, es una manera de decir claro. Por una parte me sentía bien por haber vengado la muerte de mi hermana, pero algo en mi interior me decía que lo que había hecho no estaba bien.
Cuando volvía de mi trabajo hacia mi casa, tuve un mal presentimiento. Ni bien bajé sentí como algo me atravesaba el estómago. Era una navaja portada por el padre del chico al que yo maté. Como era un día de partido de fútbol, nadie prestó atención a mis gritos. Me desangré en la vereda de mi casa y morí.
Ahora estoy aquí, dónde todos sueñan en llegar al morir, y cada mañana sin falta, paso a ver a mi familia. Como sabrás, todo allí es muy diferente desde que partí. Mis hijos van diario al psicólogo, mi mujer pasa dos horas diarias llorando por mi en la terraza de nuestra casa, mi hermano llora mi ausencia, la de mi hermana y la de mi madre, que se suicidó al enterarse de mi muerte, y mi padre está preso por intentar matar al hombre que me quitó la vida.
Hay amigo, si supieras la agonía por la que estoy pasando... Si tan solo hubiera reaccionado de otra manera, si me hubiera preocupado más en encontrar al verdadero culpable y hacer que lo dejaran de por vida en la cárcel, en ves de concentrarme tanto en saciar mi sed de venganza... Si tan solo no hubiera sido tan troglodita y hubiera pensado mejor las cosas, hoy estaría junto a mi familia ayudándolos a superar la terrible tragedia. Por mis errores hoy todo por lo que tanto luche, se desvaneció. Y lo peor es que sé, porque lo veo al vagar por las calles, que muchas otras personas harían lo mismo que hice yo. Por eso mi amigo es que te pregunto: tu que tienes mi mente, sabiendo lo que siento yo hoy, si tuvieras la oportunidad de retroceder el tiempo y estar en mi lugar ¿qué harías?

                                                                     Tu alma

sábado, 20 de marzo de 2010

Toda mi vida estuve buscando el amor. Yo pensaba que el amor, era encontrar a un hombre que me quisiera incondicionalmente, que no pensara en otra cosa q no fuera en sus momentos con migo, y que fuera capas de dar hasta su vida por mí. Pero hoy, que estoy posiblemente en los últimos días de mi vida pude comprender, que el amor no es eso solamente.
Me casé con un hombre maravilloso, y sé que me amó y yo lo amé, pero hoy siento que eso solamente, no cumple con las expectativas que yo tenía sobre el amor en mi vida. Hoy, comprendí que antes de mi marido y mis hijos, yo ya había encontrado el amor, y no hablo de algún noviecito que tuve antes de casarme, hablo de mis amigas.
El primer y segundo año de la primaria, lo compartí con un grupo de chicos del cual la mayoría habían estado con migo en el jardín. Al año siguiente tuve que cambiarme de colegio por motivos personales, y a todos mis amigos de esos dos años los dejé de ver, y los olvidé. En ese año ingresé a un grupo que ya estaba formado, por decirlo de alguna manera, ya que, la mayoría habían compartido sus años en el jardín. Pero aún así me integré bastante bien, y me hice de muchos amigos. Estuve en ese colegió hasta sexto año, cuando finalicé la primaria, y me tuve que cambiar a una secundaria y entonces perdí a la mayoría de mis amigos, digo la mayoría y no todos, porque gracias a Dios en esta ocasión me llevé con migo a tres de las mejores personas que conocí en toda mi vida. Estuve con ellas hasta finalizar la secundaria, y para colmo, en el tercer año, se cambió a la misma secundaria en la que estaba yo, una de mis mejores amigas de la primaria.
Ya finalizada la secundaria, cada una tomamos cursos diferentes. Una de mis amigas Karina, inauguró un negocio de ropas confeccionadas por ella misma, que, años más tarde tendría gran reputación. Andrea, otra de mis amigas, hizo un profesorado de Gimnasia, y se consagró profesora en la misma escuela en la que había estudiado años atrás. María, estudió en una academia de modelos, y se convirtió en alguien muy importante en su medio. Lamentablemente, a Paola la dejé de ver, se fue a vivir a Roma, pero estoy feliz al saber que pudo cumplir su sueño de ser una imponente artista plástica, y lo sé porque aproximadamente dos años después de decirle adiós la vi en una revista muy importante que nos mostraba las maravillosas obras que había creado. Y finalmente yo, fui a la facultad a estudiar para ser profesora de Biología, Física y Química.
Volví a compartir una gran parte de mi vida con Andrea cundo comencé a trabajar en el mismo colegió que trabajaba ella, es decir, en nuestra escuela secundaria, con María cuando nos fuimos a vivir juntas, y con Karina, cuando se consagró madrina de mi primer hija.
Hace apenas unos meses que dejé de ver a mis amigas, porque tuve un accidente que me trajo hasta aquí, hasta este hospital. Estuve en coma durante dos meses y recién hace una semana que desperté, y mis médicos me dijeron que mi condición era bastante seria. Y fue en ese momento cuando comencé a hacerme esta reflexión. Comencé a recordar, cada sonrisa, cada abraso, cada fiesta que compartimos juntas, cada llanto, cada riza, cada conversación incoherente, cada planificación no cumplida, cada baile, cada silencio, cada mirada, y en ese momento me di cuenta que en cada una de esas cosas estaba el amor, el amor de ellas para con migo y viceversa.
Desearía volver el tiempo atrás y poder disfrutar más esos momentos que compartí con las personas que me amaron y que yo amé también, aunque no me di cuenta en ese momento, pero lamentablemente eso no puede ocurrir. De todas maneras, no me arrepiento de la vida que tuve, porque aunque recién tengo 44 años y desearía poder vivir un tiempo más, sé que el tiempo vivido lo disfruté al máximo y con las personas indicadas, y pensándolo mejor, si tuviera un deseo, no sería poder vivir diez o veinte años más, mi deseo sería poder tener a mi amigas aquí con migo para no morir sin antes decirle, que las amo y que fueron el motivo de felicidad en mi vida.
Estaba a punto de finalizar de escribir esta carta cuando de repente recibí una grata visita. Eran mis amigas: Kari, Andru y Mari. Parece que mi marido me concedió el deseo, les avisó a las chicas que había salido del coma, y ellas se organizaron para venir juntas a verme, y por fin, pude decirles lo que sentía por ellas y ellas a mí. La alegría fue inmensa.
Al otro día, mi medico vino a verme para informarme de mi estado de salud reciente. Al perecer, la visita de mis amigas agregó un toque de adrenalina a mi cuerpo y a mi corazón, lo que intuyó en una importante mejora en mi enfermedad, además, ayudaron un poco los medicamentos, pero la mayor parte del crédito se la lleva la sorpresa organizada por mi amado y mis amigas. Un mes después, milagrosamente me dieron el alta y pude volver a mi vida habitual, con mis hijos, mi esposo, mi familia, y mis amigas, resumiendo, volví con la gente que amo. No sé cuanto tiempo más viviré, pero sé, que aunque muera mañana, dentro de un año o diez, puedo jactarme de haber vivido rodeada de felicidad, prosperidad y sobre todo amor.

En homenaje a mis amigas, que a pesar de no haber vivido tantas cosas a mi lado, son motivo de alegría y felicidad en mi día a día. Las amo chicas.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Alguna ves

¿Alguna vez te detuviste a escuchar el ruido de los árboles cuando sus hojas se agitan con el viento?
Yo si, suelo hacerlo, me gusta mucho, me resulta grandioso porque es como si pudieran hablarte, comunicarse con vos, y uno a la vez juega a entenderlos.
¿Alguna vez pensaste o soñaste con tener la capacidad de comunicarte con las plantas y los animales?
Yo si, me gustaría tener ese don, porque al fin y al cabo también son seres vivos, pero es algo imposible porque a pesar de que a veces con tocarlos o mirarlos te trasmitan cosas, ellos solo hablan en los cuentos maravillosos.
¿Alguna vez pensaste en qué te dirían si pudieran hablarte?
Yo si, pienso que me trasmitirían sus conocimientos, dudas y temores, que me pedirían que los cuidara, que los protegiera y que no permitiera que se extinguieran. A veces las personas me dicen que estos cuestionamientos que me hago surgen por tener mucho tiempo libre, pero yo no pienso eso, si no que son producto de mucho tiempo para pensar. La gente va por la vida creyendo que todo recurso es inagotable, y que nace y se reproduce naturalmente sin que les afecte los estragos que el hombre produce sobre ellos. Así el agua, las selvas, los minerales, la fauna y otras tantas cosas se van perdiendo. Así el mundo se va muriendo de a poco.
¿Alguna vez pensaste en las maneras de que eso no fuera así?
Yo si, y me ilusiono cuando veo que muestran un proyecto en televisión o en los diarios para proteger el medio ambiente, y me desilusiono una y otra, y otra vez al ver que por algún extraño motivo no se arreglan esos problemas y la plata destinada a eso va a para al bolsillo de algún corrupto político.
¿Alguna vez reflexionaste sobre si lo que hacías valía o no la pena?
Yo si, y en más de una ocasión pensé que lo poco que yo pudiera hacer no serviría de nada, porque yo soy a penas una hormiga en esta gran jungla de cemento, pero después volvía a pensar y e convencía de que hasta el más mínimo aporte serviría, porque quizás no soy la única que piensa así y en ves de ser una indefensa hormiguita, soy los 5 centavos que faltan para el peso.
¿Alguna vez pensaste en que nada jamás se solucionará y en darte por vencido?
Yo no, definitivamente no, porque con mi mente joven y abierta tengo la ilusión de que mucha más gente comprenda el valor de nuestra tierra, y que aprenda a cuidarla sin corruptelas ni falsas promesas, y no sé si logrará que mis futuros hijos vivan en un mundo mejor, pero después de todo lo último que se pierde es la esperanza.

Fin

lunes, 1 de marzo de 2010

El aula

Me senté en mi antiguo banco, escuche el silencio total entre las cuatro paredes y vi las sillas y pupitres que parecían ser una hoja en blanco en la que se escribía la historia de aquel día. Comencé a recordar a mis compañeros sentados en esos bancos haciendo la tarea, jugando a las cartas, y mirando revistas. El silencio que abarcaba el aula entera comenzaba a acabarse con el recuerdo de los gritos de mis amigos cuando jugaban al truco, o de las chicas cuando hablaban de algún chico lindo.
Era como volver a vivir aquel día desde un lugar de espectador, en el que aquel entonces no me había tocado estar.
Todo ocurrió tan rápido que incluso hasta el día de hoy es difícil de comprender. Aparentemente todos éramos amigos, buenos compañeros e incluso muchos profesores habían destacado a nuestro curso como el más unido de todo el instituto. Pero… Al parecer no todo era tan perfecto.
Una mañana de invierno, el profesor iba a faltar y nosotros debíamos entrar tarde, ya que nos lo habían avisado el día anterior, pero acordamos entre todos ir en horario normal al colegio para jugar, divertirnos y pasar un buen rato juntos. La vieron ingresar por la puerta del salón, pensaron que simplemente había ido al baño y estaba volviendo, pero se quedaron mirándola porque no entendían porqué estaba trabando la puerta con un banco ni qué era lo que traía en ese estuche largo y negro, y en menos de un suspiro la vieron sacar de ahí a dentro un arma, una especie de escopeta o metralleta muy moderna. Todos empezaron a gritar, nadie sabía que hacer. Los profesores de las aulas cercanas escuchaban los gritos pero pensaban que sólo era porque estaban jugando. Nadie les prestaba principal atención pero todos reaccionaron al escuchar el ensordecedor ruido de los disparos. Los preceptores, directivos y profesores corrieron hacia el lugar de donde provenían los gritos de desesperación y anteriormente los disparos. Trataban por todos los medios de abrir la puerta que se había trabado de una manera poco lógica, mientras que seguían escuchando los constantes disparos que de un segundo al otro se detuvieron. Cuando lograron abrir la puerta habían pasado a penas 30 segundos; medio minuto que modificó por completo la historia de muchas personas.
Los alumnos que habían visto crecer año tras año desde la primaria, se encontraban desvanecidos en el piso, agonizando, con lágrimas en los ojos y grandes charcos de sangre a su alrededor, y una de esas débiles criaturas con un arma en sus manos y agachada en el suelo.
Cuatro adultos se aproximaron a la culpable de la masacre, otros a los chicos que estaban heridos y a los pobres niños que habían presenciado todo lo ocurrido que se encontraban inmovibles.
No alcanzaron las ambulancias, ni lo que los profesores pudieran hacer. Más de la mitad del curso falleció ese día, más de 15 chicos dijeron sus últimas palabras, más de 15 luces se apagaron, más de 15 jóvenes dieron su último respiro.
Tras lo ocurrido en mi escuela, ya nada era como antes. La directora, vise directora, preceptora e incluso la portera fueron despedidas. Los muchachos y muchachas que sobrevivieron, quedaron con grabes problemas psicológicos, y muchos otros chicos, de otros cursos se fueron también de la institución. Los que decidieron quedarse pensando que había sido culpa de aquella desquiciada chica y no del colegio, no se atreven ni siquiera a pasar por la puerta del salón donde ocurrió todo, por miedo, por superstición o respeto.
En esta aula tan confortable en la que transcurrió el horror, aún quedan marcadas las huellas del mismo. Las marcas de balas y de las manos con sangre de los chicos, a pesar de que intentaron taparles, siguen estando tan claras como aquel día en las paredes y en el suelo.
La escuela por respeto y en memoria a los chicos que fallecieron aquella mañana de invierno clausuró el salón, lo cerraron con candado y no ha sido vuelto a abrir desde hace ya casi 10 años.
Yo necesitaba volver a aquí y por eso me infiltré en esta noche tan fría con las estrellas alumbrando mi camino. Entré por la ventana y aquí estoy, sentada en mi vieja silla, y pensando en cómo es posible: que alguien pueda matar de un modo tan cruel a las personas que quería, que tras un juicio de meses declararan a una completa acecina inimputable por estar loca, que tras a penas 8 años la consideraran rehabilitada y le dieran el alta en el siquiatra. Pero principalmente no logro comprender como un ser con una mente tan podrida puede vivir dentro de mí.


                                                                       Fin



 
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